19 jul 2012

El hombre que no podía amar (1)

Rapsodia 1.

Mi dedo índice acariciaba su codo. Casi podía sentir la fricción de mi huella dactilar contra la suavidad de su piel.
Mis ojos, que lejos de parecer sensuales, estaban clavados en los suyos con una mezcla de sorpresa y terror. Cundo unimos nuestras miradas rehuí hacia el infinito de mis pies.
Quería darle un beso y así liberar los martillazos que profería mi corazón contra mi pecho. Quería poder volver a abrazar su cuello y disfrutar del olor de su piel.
Ese olor tierno y casi infantil me embriagaba de una forma adictiva, y que a penas llegaba a penetrar mi cuerpo acuciado por una asfixia contenida.



Me atreví un par de veces a mirar sus ojos, a desearlos, pero entonces venían a mi mente cientos de imágenes del pasado, recuerdos que seguramente compartíamos de forma anónima y que una caprichosa cámara oculta podría haber firmado desde dos ángulos: el de mi infancia y el de la suya.



Me había pasado media vida esperando a encontrar una media naranja y pensando que la encontraría en otro huerto. El destino caprichoso, con sus devenires, nos presentó en dos ocasiones, en dos momentos que nos condenarían a esperar hasta un tercero casi al final de nuestras vidas.


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El Hombre que no podía amar y la mujer que mató a Darwin es la última novela de Robert Barber.

Las relaciones afectivas pueden engendrar vínculos más allá del tiempo y del espacio. A través de dos personajes completamente diferentes como son una doctora adicta al trabajo y de un huraño escritor recluido en una ermita, nos adentramos en las obsesiones del Ser Humano.
Ella está dedicada a la medicina decide quedarse embarazada a una muy avanzada edad sometiéndose a El Proceso. Él quien escribe en la soledad desde hace 50 años recibe una extraña visita de alguien a quien conoce, pero que no recuerda.
Estas rapsodias forman parte de la introducción a la historia.

15 jul 2012

El silencio de tu nombre

Calle Bonaire, València.

El silencio se escucha sólo cuando replican aquellas viejas campanas de histórico metal. En ese momento tumbado en la cama, en el que esperas que nada pase, en ese momento es cuando él aterriza en mi mente.

El pensamiento es efímero pero mis músculos relajados descubren que el contorsionismo en el colchón me libera de cierta tensión que ignoraba. Con este leve placer arrincono su imagen y la vuelvo a recuperar cuando relajo los músculos.

Creo que algo mal hicimos los dos, pero no sé qué. Por contra aún pienso que las consecuencias de esto las estoy pagando yo.

¡Basta de victimismo! - Me digo a mi mismo queriendo retomar el camino chueco. Hay que enderezar esto. Y de repente la tensión de una noche, el pensamiento sobre él, la imagen de sus labios, el recuerdo de sus besos, el olor... De mi imaginación... Enderezaron otra cosa que no la situación.

Giro mi cuerpo contra el colchón para que el resto de los habitantes de la habitación no vean que había decidido acampar.Es el momento de empezar a olvidar su nombre. Y entonces escucho el pulso que golpea en alguna arteria cerca de mi oído. Su molesto bateo me incomoda y cuando pienso en darme la vuelta para huir de él, me.vuelvo a acordar de la torre Eiffel.

Con la dureza del momento encuentro cierto alivio presionando mi cadera contra el colchón. Lo hago despacio porque no quiero que ninguno de los habitantes noten aquél embarazoso momento.
En el silencio del momento vuelvo a oír el replicar de las campanas. Hoy es domingo y el Señor llama a sus fieles.

¿Fue la fidelidad el problema? No hubiera nunca pensado en ello, pero él lo hizo. Pensó que era mejor dudar que creer. Por Cristo prometo que le fui fiel de obra y pensamientos.
A mi mente regresa de nuevo su mirada, coronada con un nerviosismo del primer día. ¿Cómo te llamas?

"A mi me llaman , y claro a mi mismo no me llamo. Cuando me llamo digo Yo. Es un acto egoísta, porque todos nos llamamos yo. El valencià tiene esta curiosidad, la de afirmar "a mi em diuen". Pero es un intento de evitar que todos nos llamemos Yo".

En el silencio ahogué su nombre y la caricia de mi compañera en la cama me hizo volver a poner la cabeza en el suelo y los pies al aire.

En ese momento, de silencio, cesaron de replicar las campanas

Quince de julio de dos mil doce

6 jul 2012

En tu Lado de la Cama

Esta noche he tratado de dormir,
de soñar dentro de ti,
pero tu ya no estabas...
en ese lado de la cama

He tratado de oler el perfume de tu piel,
impreso,
sellado,
manchando el sudario de mi cama.

Yacer sobre alguno de tus cabellos,
abrazándolo con todo mi cuerpo,
sentir que aún sigues ahí...
en ese lado de la cama.

Pienso en que nunca se volverá a repetir,
pienso en todo aquello que dejaré de sentir,
pienso...
y no duermo
en ese lado de la cama.

Aspiraré bien tu esencia esta noche,
haré que en mis pulmones quede tatuada,
no quiero perderte,
pero ya no te tengo,
en ese lado, el tuyo, de mi cama.

14 nov 2008

Bona Nit Cresolet

Bona Nit Cresolet que la llum s'apaga,

que els estels ens miren,

i tu ja consumit,

et despedeixes amb els últims esforços d'una impertinent flama.

Bona nit companyer abans de la foscor,

ara toca dormir,

i complir somnis, llençols, i deixar caure la baba.


Bona Nit llum de cresol,

descansa,

i gràcies a l'albor per la teua companyia.