"Hacía frío a esas horas de la mañana. La noche había sido un desastre y ambos regresábamos apestando a tabaco, con dolor en los pies, y dolor en el corazón. Durante varias horas habíamos evitado el tema, pero esa rabia que contenía desde las seis de la tarde salió de mi como un chorro de ira en su cara."
Me había vestido con desgana, de hecho me maquillé un par de veces porque la primera vez no me vi guapa, la segunda me vi "pepona", y la tercera sirvió para intentar reparar el desastre y hacerle esperar en la puerta. Premeditadamente le odié desde las 6 de la tarde.
Cuando estábamos en el ascensor me tiré un pedo, sí, lo hice pensando en desagradarle, pero aquello le hizo una gracia infinita y se rió de mi. Antes de que hubiéramos bajado un sólo piso más él se tiró otro pedo y dijo: "estamos en paz".


