29 jun 2013

El Santito (CAP 1)

Él era pelirrojo, pecoso, y extremadamente nervioso. No era de la ciudad, sino de un pequeño pueblo a unos 20 kilómetros de donde estudiábamos.

He de decir en primera instancia que era, o es, una muy buena persona. Sí, era muy bueno al menos aquel tiempo en el que le conocí. En cambio había algo en él que hacía que los demás lo juzgaran como alguien malo.
Foto de a_marga @Flickr

Nosotros éramos alumnos de séptimo año de la  EGB. La palabra con la que le bautizaban los adultos era: "Travieso". Nosotros como niños entendíamos que era una persona mala.
Ese matiz de intención que nos hace ser malos o traviesos no se aprecia hasta cuando uno es adulto.

Recuerdo que me miraba siempre con sus ojos vivos, grandes y marrones. Me miraba esperando a que yo dijese alguna cosa. Creo que en el fondo yo le caía bien. En cambio mi actitud con él fue siempre más bien distante, porque me decían que era malo, y yo me tenía que portar bien. No me debía dejar influenciar.

Yo era rubiete, de piel clara y un carácter educado, reservado... Aunque sí que era de la ciudad mis padres me dejaban poco tiempo libre en ella. Recuerdo con claridad cuando me sacaban del colegio con el coche, y me llevaban a la casa de campo a pasar todo el fin de semana.

Mis padres se esforzaron en que pareciese una buena persona, que tratase de usted a los adultos y diese ejemplo de buenas maneras. Fue un gran trauma para mi, cuando mi madre ese mismo año me había obligado a cortarme el pelo tan corto que desapareció el rubio de mi cabeza.

Buen chiquillo, decían de mi. Para mi era una recompensa a la actitud que todos esperaban. Para algunos de mis compañeros yo era alguien aburrido, mimado por mi buen comportamiento.
Eso es algo que no entiendes hasta que eres adulto y asumes que ser bueno para unos, no lo implica para otros.

Recuerdo que miraba al demonio pelirrojo y tenía miedo a que me dijera algo malo. Pero a pesar de eso nunca fue grosero conmigo, ni me gastó ninguna broma pesada. En el fondo creo que le admiraba. En cambio su actitud a veces era injusta, pues me veía como alguien bueno y, comparado con él. Yo era "El Santito".

9 jun 2013

Ladrones de recuerdos y gracias a los @mossoscat por su ayuda. #TuitExtender

He de salirme del guión de lo que este blog significa para mi. Generalmente reservado a escribir pensamientos, a emitir mis graznidos, y a maldecir (que se me da muy bien, oiga).

Hace unas semanas entraron a robar en mi casa. Llevo 9 años en Barcelona y hasta ahora nunca había tenido ningún susto así. Pero si soy cínico... "siempre hay una primera vez".

8 jun 2013

El olvido: 10 años del #tamayazo y aquí ya nadie recuerda. Señores, esto es un #Tuitextender

Los compañeros de la izquierda les lanzaban monedas a su paso, como a Judas. Y es que Sáez y Tamayo impidieron de forma sospechosa que el partido socialista hubiera entrado en el gobierno de la ciudad de Madrid. Algo como lo que ha pasado en Catalunya más de una vez, pero con la sombra de la corrupción aún más evidente.

Fotografía del artículo en eldiario.es
Olvidaremos esta crisis, olvidaremos que nos tomaron el pelo, nos recortaron el nivel de vida, nuestros hijos antes no pagaban por estudiar, olvidaremos incluso que hubo un Pacto de Toledo, y entonces desde el olvido alguien escribirá un artículo para recordarnos que aunque aprendemos a olvidar, nos olvidamos de lo que no hay que perdonar.

"desde el olvido alguien escribirá un artículo para recordarnos que aunque aprendemos a olvidar, nos olvidamos de lo que no hay que perdonar "
Y es que los políticos, en toda su extensión, son personas. Los corruptos no son ellos, los mentirosos no son ellos, los ladrones, carentes de ética, de principios con finales, no son políticos, son personas.

De la misma forma pasiva que nos zambullimos en críticas estériles, la acción contra este sistema empieza desde el pueblo hacia el gobierno y sobre todo de regeneración del propio pueblo.

Recomendado leer el artículo en el Ni el PSOE ni el PP tuvieron interés por investigar el "tamayazo", según un libro Diario.es

10 abr 2013

Café, café

Recuerdo, cuando tenía veinti-recientes años, que estando en Estados Unidos me sorprendió el hecho de que la gente tomaba el café en grandes vasos de cartón. Lo hacían andando por la calle con semblante serio, y un paso ligeramente acelerado. Salían de una especie de "fast-coffee shops" que vendían el café como si fuera agua.

Una tarde fuimos a cenar a un restaurante asiático y me pedí unos fideos de arroz con brócoli. Picaban como si no hubiera un mañana, pero al final, con los labios hinchados como Carmen de Mairena, decidí sentenciar que a pesar de mi hambre infinita no eran de mi agrado.