
No me gustaba la comida, estaba hecha con prisas, con desgana, con la finalidad de saciar el estómago sin llegar a pasar primero por el paladar, por la pituitaria roja deleitando el olfato.
Las cosas en Stanford parecían hacerse con prisas y sin ganas. De hecho se pagaba siempre antes de comer, de pie frente al mostrador. Pagar con el culo en el asiento es algo limitado a personas más pudientes, o a algún excepcional café que quería dárselas de europeo.
Pero sí, el café se huele mejor, se mira con estremecimiento en los ojos, se degusta mejor, cuando aún no lo has pagado.
Un buen café no sale solo, ni sólo se toma un café porque se tiene prisa. Me gusta el café, sí. Lo tomo con deleite y mejor en compañía. El aroma de tomar una taza de café se hace entre amigos.
Dedicado a Almagro Rico Tesa
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