[Modo dramático activado. Lee esto con un fondo de violines tristes]
En 2004 decidí dejarlo todo y mudarme a Barcelona. Empecé una nueva vida entre olores de gasolina y bips-bips de supermercado. Unos inicios complicados en los que los mayores sufridores fueron mis padres. Aunque la distancia entre València y Barcelona es muy pequeña, el síndrome del nido vacío fue inevitable.
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La última vista antes de irme de Barcelona |