10 abr 2013

Café, café

Recuerdo, cuando tenía veinti-recientes años, que estando en Estados Unidos me sorprendió el hecho de que la gente tomaba el café en grandes vasos de cartón. Lo hacían andando por la calle con semblante serio, y un paso ligeramente acelerado. Salían de una especie de "fast-coffee shops" que vendían el café como si fuera agua.

Una tarde fuimos a cenar a un restaurante asiático y me pedí unos fideos de arroz con brócoli. Picaban como si no hubiera un mañana, pero al final, con los labios hinchados como Carmen de Mairena, decidí sentenciar que a pesar de mi hambre infinita no eran de mi agrado.