16 oct 2013

Sonría, por favor

- Buenos días.
- Muy buenos.
- ¿A qué ha venido?
- Necesito que me eche un vistazo a la sonrisa.
- Déjeme ver - le examina la boca con rapidez introduciéndole los enguantados dedos - no encuentro nada raro.
- Sí, ¿verdad? No lo entiendo.
- Disculpe, no suelo decir estas palabras pero ¿cuál es su problema?
- ¿El mío?
- Sí
- Ninguno
- ¿Entonces? - pregunta integrado.
- El mío ninguno, pero parece que mi sonrisa no funciona. Mire: salgo de casa, después de mi concienzuda higiene dental, y camino hacia el trabajo.
- ¿A qué se dedica usted?
- Soy viajante - tras una aspiración sigue su historia - fíjese que hago siempre la misma rutina, voy al banco y retiro el dinero para la jornada. El cajero del banco está detrás de un grueso cristal; le hablo con una sonrisa, pero como no me escucha bien ladea la cabeza y me mira con su oreja.
- Creo que ya sé por dónde va usted.
- Voy por el banco, pero verá. Después me dirijo hacia el aparcamiento y, cuando salgo, ya no hay un conserje sino un brazo de hierro y una cámara que me observa a lo lejos para abrirme el paso.
- Mal oficio el de conserje biónico. - Añade.
- Conduzco durante horas hasta llegar a la tienda de mi cliente...
- ¿Qué vende usted?
- Vendo relojes.
- A buenas horas - musita.
- Mi cliente está todo el día preocupado: facturas, robos, esas preocupaciones...
- Es lo mismo - vuelve a musitar.
- Y en su trajín diario a penas repara que estoy en la tienda. Creo un cliente medio a penas me mira a la cara los 20 segundos en los que repaso los albaranes.
- Siga, por favor... Yo cobro por horas.
- En el restaurante la camarera anota mi comanda mirándome a través de su libreta. Cuando me sirve los platos, caen sobre mi mesa como si fueran boomerangs que tuvieran que regresar solos hasta la cocina.
- ¡Qué bella metáfora!
- Fíjese doctor que yo creo que este mundo no quiere mirar en sus propias fauces. El único orificio que miran es su ombligo. La gente no mira al interior, sino que sólo mira hacia afuera para lamentar sus penas y criticar a los demás. La sonrisa, amigo doctor, es la primera señal de humanidad que tenemos cuando nos encontramos con otro igual, si no la mostramos es obvio que nos da igual.
Pero fíjese doctor, una cosa le quiero decir, nadie mete en realidad las manos dentro de la inmundicia, nadie tiene el valor de llegar al fondo y tocar con la punta del dedo allá donde está el problema.
En esta sociedad nadie quiere sonreír, y usan las orejas para no prestar atención, los ojos para esquivar miradas, y los pies sólo sirven para caminar a una dirección de huída. ¿Qué le parece doctor? ¡Quiero que me arranque todos los dientes de una vez! No me deje ni un incisivo, ni un caninoe ni un premolar, no quiero nada más, ni tan siquiera las del juicio, porque ese, doctor, ya lo he perdido.
- Me temo que eso no podrá ser.
- ¿Se niega?
- No
- ¿Es por principios? Le pagaré bien.
- No, no soy dentista. Se ha equivocado de puerta. Yo soy proctólogo. Pero ahora que me deja hablar le diré una cosa.
Quizás usted piensa que nadie mira más allá de su ombligo, pero precisamente yo he de meter la mano hasta el fondo y, con la punta de mis dedos llego a rozar el tumor con el que puedo salvar la vida de las personas. Me enfrento de pie, sin huir hacia ninguna parte, resistiendo durante horas contemplando el más desagradable orificio, un abismo en el cual me desplazo entre vísceras.
Poca atención puso usted en llegar hasta aquí y ningún caso ha hecho a nada que le rodea. A usted sólo le apetecía quejarse, lamentarse y por último mutilarse como mártir de la sonrisa. Es culpable de sus acusaciones.
Querido amigo relojero, mis principios no se venden, pero sí mi tiempo. Ya que me puse los guantes, bájese los pantalones.


Dieciséis de octubre de dos mi doce.

10 jul 2013

L'amour c'est gai - CAP. 1

Llegó en forma de postal, sin encartar, y con las esquinas del cartón inevitablemente dobladas. Llegó en la mañana, cuando el correo, y esperó pacientemente en el buzón hasta que fue recuperada en la noche.
Fotografía de Assassin de la police @Flickr

En la postal había una imagen de varios preservativos de diferentes colores y tamaños colgando de una cuerda. El juego visual era divertido, a modo de ropa limpia. El remitente de la carta: mi suegra.

Subí en el ascensor esbozando una sonrisa de la cual no fui consciente hasta que vi mi reflejo en el cristal de la puerta. Sonreí más al verme en aquella extraña situación. No pude evitar pensar en la imagen de mi septuagenaria suegra comprando esta postal y menos aún en la sonrisa del vendedor o vendedora cuando la compró.

1 jul 2013

El Santito (CAP. 3)

Con el aerosol aún en las manos y la mirada en el aire, mi compañero reía a mandíbula batida pensando que me había dado de pleno en la cara. Detrás de mi, en silencio, con el semblante serio pero una ceja arqueada, estaba Dani "el Pelirrojo".

Rubén, ese era su nombre, abrió los ojos, y cuando se dio cuenta de que había fallado, volvió a apuntar a mi cara. "No te escaparás esta vez", dijo con sobrada socarrenería. Justo en el momento en el que se disponía a rociarme con el Reflex en la cara, Dani que aún asía mi mano, me arrancó de entre los dedos la botella de perfume rellenada de vinagre blanco. Me giré al darme cuenta del hurto y vi cómo se la guardaba en la cartera a un compañero al que llamábamos "el Conejo". "¡Date la vuelta, chulo, que vas a ver ahora!". Pero en ese momento entró el profesor en clase y castigó al "vinagro-mentolado" compañero.

30 jun 2013

El Santito (CAP. 2)

Dani, ese era su nombre. Él me bautizó como "El Santito" y así me llamó durante los años restantes hasta que, al adentrarnos a la adolescencia, ambos marchamos a institutos de bachiller diferentes.

Foto de a_marga @Flickr
Sinceramente, queridos lectores, confieso que no tenía ni vergüenza, ni rabia, al hecho de que me hubiera puesto un apodo. Habían apodos mucho peores en la clase: "El Negro" para un chico de tez oscura, "El Cabra" para un chico con un pelo rizado y áspero o "Dumbo" para el que era mi mejor amigo y un poco orejotas.

En el colegio es fácil tener apodos, tener amigos, y sobre todo enemigos. Pero aunque el carácter de él daba miedo a muchos de mis compañeros Dani no era una persona sin amigos, ni tampoco estaba exento de su apodo: "El Pelirrojo"

29 jun 2013

El Santito (CAP 1)

Él era pelirrojo, pecoso, y extremadamente nervioso. No era de la ciudad, sino de un pequeño pueblo a unos 20 kilómetros de donde estudiábamos.

He de decir en primera instancia que era, o es, una muy buena persona. Sí, era muy bueno al menos aquel tiempo en el que le conocí. En cambio había algo en él que hacía que los demás lo juzgaran como alguien malo.
Foto de a_marga @Flickr

Nosotros éramos alumnos de séptimo año de la  EGB. La palabra con la que le bautizaban los adultos era: "Travieso". Nosotros como niños entendíamos que era una persona mala.
Ese matiz de intención que nos hace ser malos o traviesos no se aprecia hasta cuando uno es adulto.

Recuerdo que me miraba siempre con sus ojos vivos, grandes y marrones. Me miraba esperando a que yo dijese alguna cosa. Creo que en el fondo yo le caía bien. En cambio mi actitud con él fue siempre más bien distante, porque me decían que era malo, y yo me tenía que portar bien. No me debía dejar influenciar.

Yo era rubiete, de piel clara y un carácter educado, reservado... Aunque sí que era de la ciudad mis padres me dejaban poco tiempo libre en ella. Recuerdo con claridad cuando me sacaban del colegio con el coche, y me llevaban a la casa de campo a pasar todo el fin de semana.

Mis padres se esforzaron en que pareciese una buena persona, que tratase de usted a los adultos y diese ejemplo de buenas maneras. Fue un gran trauma para mi, cuando mi madre ese mismo año me había obligado a cortarme el pelo tan corto que desapareció el rubio de mi cabeza.

Buen chiquillo, decían de mi. Para mi era una recompensa a la actitud que todos esperaban. Para algunos de mis compañeros yo era alguien aburrido, mimado por mi buen comportamiento.
Eso es algo que no entiendes hasta que eres adulto y asumes que ser bueno para unos, no lo implica para otros.

Recuerdo que miraba al demonio pelirrojo y tenía miedo a que me dijera algo malo. Pero a pesar de eso nunca fue grosero conmigo, ni me gastó ninguna broma pesada. En el fondo creo que le admiraba. En cambio su actitud a veces era injusta, pues me veía como alguien bueno y, comparado con él. Yo era "El Santito".

9 jun 2013

Ladrones de recuerdos y gracias a los @mossoscat por su ayuda. #TuitExtender

He de salirme del guión de lo que este blog significa para mi. Generalmente reservado a escribir pensamientos, a emitir mis graznidos, y a maldecir (que se me da muy bien, oiga).

Hace unas semanas entraron a robar en mi casa. Llevo 9 años en Barcelona y hasta ahora nunca había tenido ningún susto así. Pero si soy cínico... "siempre hay una primera vez".

8 jun 2013

El olvido: 10 años del #tamayazo y aquí ya nadie recuerda. Señores, esto es un #Tuitextender

Los compañeros de la izquierda les lanzaban monedas a su paso, como a Judas. Y es que Sáez y Tamayo impidieron de forma sospechosa que el partido socialista hubiera entrado en el gobierno de la ciudad de Madrid. Algo como lo que ha pasado en Catalunya más de una vez, pero con la sombra de la corrupción aún más evidente.

Fotografía del artículo en eldiario.es
Olvidaremos esta crisis, olvidaremos que nos tomaron el pelo, nos recortaron el nivel de vida, nuestros hijos antes no pagaban por estudiar, olvidaremos incluso que hubo un Pacto de Toledo, y entonces desde el olvido alguien escribirá un artículo para recordarnos que aunque aprendemos a olvidar, nos olvidamos de lo que no hay que perdonar.

"desde el olvido alguien escribirá un artículo para recordarnos que aunque aprendemos a olvidar, nos olvidamos de lo que no hay que perdonar "
Y es que los políticos, en toda su extensión, son personas. Los corruptos no son ellos, los mentirosos no son ellos, los ladrones, carentes de ética, de principios con finales, no son políticos, son personas.

De la misma forma pasiva que nos zambullimos en críticas estériles, la acción contra este sistema empieza desde el pueblo hacia el gobierno y sobre todo de regeneración del propio pueblo.

Recomendado leer el artículo en el Ni el PSOE ni el PP tuvieron interés por investigar el "tamayazo", según un libro Diario.es

10 abr 2013

Café, café

Recuerdo, cuando tenía veinti-recientes años, que estando en Estados Unidos me sorprendió el hecho de que la gente tomaba el café en grandes vasos de cartón. Lo hacían andando por la calle con semblante serio, y un paso ligeramente acelerado. Salían de una especie de "fast-coffee shops" que vendían el café como si fuera agua.

Una tarde fuimos a cenar a un restaurante asiático y me pedí unos fideos de arroz con brócoli. Picaban como si no hubiera un mañana, pero al final, con los labios hinchados como Carmen de Mairena, decidí sentenciar que a pesar de mi hambre infinita no eran de mi agrado.

20 mar 2013

This... is CHEAPRE !!! /Cyprus on sale/ #TuitExtender

Chipre, chiprón, chipritos, chipirones y, por supuesto, chipriotas. La Unión Europea tiene sitio para todos, no se preocupen señores y señoras.

Barato no, tirao de precio. ¿Quien quiere comprar una islaaaaaa?

Ni corralitos de la pacheca, oiga. Si la cuestión es que si no trabajais al tenor del motor germano, pues en ese caso, ... vaya que no queremos decir que sea un tema de competitividad, pero si ustedes no se preocupan de... ¿Cómo lo diría yo? Oiga a usted la Merkel le cae bien ¿verdad?

Eso sí, si tiene usted más de 100.000 euros ahorrados contribuya con la causa. Claro... usted tiene precisamente lo que necesita su país. No sea tonto y sea patriota. Consiga el derecho a fardar y cáguese en su teutona madre.

Noticia> Merkel dice que los ahorradores en Chipre con más de 100.000 euros deben contribuir al rescate